
Sintió una sacudida y salió volando, dando vueltas por la brisa de aquella noche de verano atestada de turistas. Súbitamente, se zambulló. Y los ruidos desaparecieron de pronto; todo era lento, líquido. Tras el desconcierto inicial, se dispuso a disfrutar de un cómodo y casi elegante aterrizaje en el fondo de la fuente. Girando grácilmente se recreó en las caprichosas formas que su inesperada aparición había dibujado en torno a ella, formas de espuma y sorpresa, de azul y risa.
Cuando se acomodó entre sus compañeras supo que acababa de tener la experiencia más trepidante y decisiva de su anodina vida. Y, tras esa revelación, se dispuso a brillar con luz propia.
Cuando se acomodó entre sus compañeras supo que acababa de tener la experiencia más trepidante y decisiva de su anodina vida. Y, tras esa revelación, se dispuso a brillar con luz propia.
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