giovedì 23 settembre 2010

Bésame. Como quieras, pero pégate a mi boca de una vez por todas y cállate ya. Que ya no sé cómo decírtelo, que si sigo rozándote el brazo con la yema de mi índice voy a terminar haciéndote surco. Que mi postura en el sofá es francamente inverosímil. Que hueles endiabladamente bien, no sé a qué, pero cada vez que mueves la cabeza y aireas tu colonia me excitas. Me excitas, sí. No me culpes por no poder mirarte a los ojos estando a tan pocos centímetros, las ganas que te tengo resultan tan flagrantemente evidentes que temo la condensación en rayos láser de mi mirada y el posterior chamuscado de tus pestañas. Este silencio sería una ocasión perfecta... nada, que no. El caso es que no te apartas cuando dejo caer mi aliento sobre el cuello de tu camisa... a disgusto no estás, vamos. Y qué bien te queda esta camisa por Dios, benditos dos primeros botones desabrochados, desde aquí me asomo a tus sombras con disimulo... mierda, creo que me estás mirando de reojo y que mi maniobra de espionaje no te ha hecho mucha gracia. Respiras despacio, como expectante ¿he dicho expectante? eso implicaría que esperas algo... ¿pretendes acaso que sea yo quien me lance? Sólo faltaba, pongo la cena, el vino, el postre, el sofá mullido y hasta los temas de conversación... no pretenderás que también sea lanzado. Pero esos labios... te los acabas de humedecer, sin dejar de mirar hacia la tele. Y brillan. Refulgen. Me ciegan. La ansiedad está empezando a provocarme alucinaciones. Estoy tan cerca que distingo perfectamente el brillo de tu saliva. Es algo casi imperceptible, pero te estás repantingando con suavidad. Los pliegues de tu camisa, por Dios qué bien te queda, me indican que te relajas, reacomodas tu cuerpo en el sofá... ay, estás girando la cabeza y yo no puedo dejar de mirarte, y eso que los rayos láser van a salir en milésimas de segundo, pero mantenemos la mirada, y estás cerca, tus labios se arquean, y no lo hacen para sonreír, que lo sé yo, lo hacen para lo que yo estoy pensando... creo que voy a cerrar los ojos para no chamuscarte las pestañas con los rayos láser, y que sea lo que Dios... bueno, no, que sea lo que tú quieras...

Qué pasa, por qué te paras.

Uf... cómo me gusta que me quiten las gafas...

11 commenti:

  1. oh Dios mío! me excito hasta yo! jajajaja

    muaaah!

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  2. virgen del amor hermoso!!
    veo que el verano no se ha ido aun!!! y que el otoño altera los corazones más de lo sanamente recomendable!!!
    eso esta muy bien!!!
    me gusto el texto!!! :D
    divertido y picanton.

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  3. Qué bueno! Me ha gustado mucho. Qué momento tan bien descrito. :)

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  4. si te contara la de historias mías que han surgido de sueños, :)

    por cierto, gracias mil por lo que dijiste de "Placer"

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  6. Yo también llevo gafas y siempre es buen augurio que me las quiten. A ver si lo hacen pronto, te envidio, suerte que ya estás servido.

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  7. que descripcion, que momento, que buen texto, siempre s bueno venir por aqui...
    saludos!

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  8. brutal nene, una de esas entradas con las que he disfrutado en todos los sentidos de la palabra... tu sabes que en internet uno re-lee poco, pero contigo da gusto!! dale a la prosa, que tb la dominas!!

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A voi la parola ;)