martedì 23 settembre 2008

Nao


Te recuerdo en góndola, surcando los mares de mis vértigos viento en popa a toda vela, con el flequillo erizado de velocidad y frenesí. Tenías un vestido rojo de mangas anchas que perfilaba tus diecisiete con insolencia, y un lunar que te pintó un pirata, me dijiste. Siempre me pareciste marinera, con tus ojos color mar fundiéndose con el horizonte de aventuras ya pasadas pero aún por saborear, y el nudo de soga que atenazaba tu garganta cada vez que caías en la cuenta de que todavía pisabas tierra firme.

Un día saliste al puerto antes del amanecer, a saludar a las gaviotas. Prometiste volver con una docena de churros para el desayuno, pero los compases de aquél acordeonista de barba blanca y acento del Este te arrancaron de mi puerto. Te despegaste del suelo, cristalizando en una sarta de corcheas delirantes y rítmicas que volaron hasta besar la espuma del muelle.Y te hiciste a la mar, henchida por la brisa del afán de conocer, como una vela tersa y sin retales, recién blanqueada, sin más mácula que la que provoca la sombra del mástil.

Ya no sopla el viento, ya no hay gaviotas, ni acordeones, ni churros. Pero te intuyo azul y salada, crujiendo de placer y de risa ante cada vaivén que te da la vida.

1 commento:

  1. No me extraña que la gente no te comente... nos dejas sin las palabras que podríamos aventurarnos a escribirte si no nos diera tanta vergüenza publicarlas tras las tuyas.

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A voi la parola ;)