Madrugada
y pausas en sonrisa,
gárgolas rojas
entreabiertas,
fragantes,
almibaradas.
Rebosantes
de destellos,
vértices de
tu ademán sereno
proyectando
guiños e intuiciones.
Adivinada
entre distancias,
carta de ajuste
sin coordenadas
en mi pulso
sorprendido.
Eres luz
al otro lado,
ocre, firme
y encendida.
Y en tus silencios
acampan ecos
sabrosos,
ávidos de tacto
y tiempos comunes.
En la noche, aunque sea azucarada,
RispondiEliminaen la noche, aunque vaya siendo hora, la luz sorprende y deja sin aliento.
Hacer aguas !!!
RispondiEliminaAbrazo
Un tacto es un tiempo común, lo sabía pero nunca lo pude decir como lo dices tu..
RispondiEliminaabrazo
Me encanta cómo acaba el poema.
RispondiEliminaSaludos