Se escapó de un disparo de escarcha, de un susurro de hielo, del témpano de mis caricias. Esquivó todo tipo de inclemencias para asistir, incólume, al derrumbe de todo lo que durante tanto tiempo construyó. Frotó sus manos enfundadas en manoplas de lana gris y sonrió. El invierno le ponía de buen humor, como esos anuncios de la tele con música pegadiza, o como las pelotas de goma que botan y botan... en el fondo todo es un circo, un magnífico espectáculo donde cada uno doma sus leones con el primer látigo que pilla. Menos cuando los leones te ponen ojitos. En ese caso, apaga y vámonos.
Justo cuando comenzaba a caminar, cayó el primer copo de la temporada. Y el borlón de su gorro se perfiló cada vez más nítidamente contra el cielo gris marengo, contra la niebla plateada, como la punta de una lanza de juguete, de las blanditas que cuando pinchan no te duelen. El arrullo de sus pasos resultaba tan ambiguo que no me dejaba distinguir si iba o venía .
Y la luna, tan baja que parecía un copo perezoso y dormilón, apuntó como si fuera un foco. Me deslumbró, sí.
El respetable contuvo la respiración anticipándose al salto mortal.
=)
RispondiEliminaQuiero que nieve. Por lo menos mientras no nos quede más remedio que aguantar este frío.
como mirar una vela encendida...
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