Ea, pues señora.
Jugar
a las damas nunca fue tan sencillo:
el tablero es de solera y las piezas,
experimentadas.
Se disponen en cuadrícula de abrigos y nudillos
desgastados,
mientras un pan y un vino deconstruidos
dejan pasar la tarde
a través de las ventanas.
el tablero es de solera y las piezas,
experimentadas.
Se disponen en cuadrícula de abrigos y nudillos
desgastados,
mientras un pan y un vino deconstruidos
dejan pasar la tarde
a través de las ventanas.
Todo
aquí tiene la cara lavada,
como si los ángulos desnudos legitimaran más
que el pan de oro,
como si el armazón buscara la luz
de lo invisible
en cada viga, en cada baldosa,
en cada eslogan trascendente recortado en cartulina.
como si los ángulos desnudos legitimaran más
que el pan de oro,
como si el armazón buscara la luz
de lo invisible
en cada viga, en cada baldosa,
en cada eslogan trascendente recortado en cartulina.
Es
suicida clamar con voz de otros
cuando, frente a ti,
lo único que se hace testimonio
es la ausencia más rotunda.
cuando, frente a ti,
lo único que se hace testimonio
es la ausencia más rotunda.
No sé por qué esta partida de damas, a mi se me asemeja más a un tira y afloja entre erizos o a una especie de baile táctico en la distancia (a pesar de que cierto cantante hortera noventero cantaba aquello de que "bailar de lejos no es bailar").
RispondiEliminaMe tienes abandoná ;)