domenica 20 marzo 2011

Visillos 2.2

Cuando Pablo Klein bosteza, el cuello de su camisa se tensa imperceptiblemente, alterando en unos milímetros la definición de sus rayas azul claro. Es temprano. Las baldosas de la cocina se empapan de penumbra añil y Pablo siente sobre sus párpados la losa de un miércoles que ha llegado sin avisar. Nunca avisan, pero siempre llegan, los días. Pasa de puntillas por los primeros compases de la mañana, como si quisiera fundirlos con sus ganas de presente. Porque el cuerpo le pide presentes cada vez con más insistencia, martilleándole la conciencia a golpe de almanaque. Se le escapa la fila silenciosa de momentos y sólo acierta a acariciarlos, de pasada. Hoy la camisa le queda como un guante. Delinea su torso con pliegues comedidos que se difuminan a la altura de los hombros. Pablo Klein teme perder el ritmo del ahora y se remanga para no mancharse mientras desayuna. Los puños simétricos, recogidos en el ecuador de los antebrazos, le recuerdan a las rutinas de ida y vuelta, que se enroscan en su memoria. El recorrido del autobús, la sintonía del telediario, la sombra del chopo sobre los azulejos de la mañana. Pablo termina de desayunar y los botones vuelven a abrazar su pulso contenido. Sin querer, la certeza del pespunte le perfila los latidos.

2 commenti:

  1. estoy sin salir de blogs últimamente, conozco hoy en tres versiones a Pablo Klein, bajando y subiéndose los puños de la camisa, viviendo en tu prosa, desconcertado por el tiempo. Tu prosa resulta fresca, deliciosa. Iba a decir "me gusta más que tus poemas", pero he bajado hasta tus poemas en el blog, y francamente, no sé ya qué decir...

    Un beso, relojero.

    RispondiElimina
  2. ¿Viste la luna igual? Pues a mí me parecía como si hubieran encendido una bombilla.
    Qué cosas...
    Me pregunto qué opinará Pablo Klein de todo esto..

    Besos

    RispondiElimina

A voi la parola ;)