lunedì 5 gennaio 2009

Familia.


Hay un ñu en la cocina, y papá le espanta las moscas del hocico con el periódico y restos de café en el bigote. Pero el iglú del pasillo se derrite por momentos, como mis ganas de volar. Nadie hace nada por evitarlo, hasta que abuela acaba la bufanda de punto para la jirafa de la estantería y toma la resolución de apagar los radiadores, que emanan rutina y olor a colonia de marca blanca.

Un señor de gris limpia el agua que empapa las baldosas del baño, y también pretende disipar la niebla que se agarrota en las pupila de mi pato de ducha, que no de baño, al que un día arranqué la pluma y le dejé en gomas, que no en cueros. Principio de Arquímedes: todo hipopótamo sumergido en una bañera experimenta un chapoteo directamente proporcional a la dentera que me da rozar con las uñas los grifos dorados que parecen garras de águila real. De los grifos sale agua verde, que está fresquita y huele a fiestas de cumpleaños de antaño, con servilletas de papel coloreado y discos de Xuxa y globos en forma de perro.

Nunca tuve un perro, nuestro piso de terrazo y gotelé no admitía animales que anduvieran a cuatro patas. Por eso tuve que enseñar al ñu, al pato, a la jirafa y a los hipopótamos a cruzarse de piernas como señoritos, a opinar sin que se les preguntara, a separar la ropa blanca de la de color, a dar portazos con estilo, a no hacer reproches sin haberse lavado antes las manos, y tres sanas costumbres más que tuve a bien olvidar el día que salí de aquella santa casa.

2 commenti:

  1. ja!
    me río yo del espíritu navideño... agota tanta familia y tanto buen rollismo obligado.
    Pero oye, después de todo volver a una casa donde el agua del grifo es tan verde y maravillosa no puede ser taaan malo, no? =D

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  2. ... tu vida puede cambiar en diez segundos...

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A voi la parola ;)